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Dios, nuestra fuente de vida

¡Todo ha terminado! Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. A todo el que tenga sed, yo le daré a beber gratuitamente de los manantiales del agua de la vida. Apocalipsis 21:6

A veces encontramos en nuestro buzón una atractiva propaganda comunicándonos que la suerte nos designó como felices ganadores y que un regalo nos será enviado. Sin embargo, si leemos atentamente las condiciones, encontramos una expresión que no compromete demasiado a quien ofrece el regalo.

Por la frecuencia con que se presenta este tipo de propuestas, podemos pensar que muchos responden a esas engañosas ofertas. Pero, ¡cuán lamentable es no responder a la verdadera oferta del amor de Dios! ¡Cuántos oídos abiertos a las fantasiosas y a veces falaces ofertas de los hombres, se vuelven sordos a las verdaderas palabras de Dios! Cuando Dios nos dice que dio a su Hijo unigénito para salvarnos de la perdición eterna, ¿podemos permanecer indiferentes? Esta oferta de Dios, gratuita y sin contrapartida, compromete nuestra felicidad eterna.

Dios hace a todos una oferta segura, pues “Dios no es hombre, para que mienta” (Números 23:19). Propone a todos una verdadera liberación. Dios ofrece la vida eterna por medio de Jesucristo, nuestro Salvador. ¿Quién la recibe? ¿Los pobres, o los ricos? ¿Los pequeños, o los grandes? No, sino todos los que confían en Dios, los que creen.
Si para usted todo se derrumba y se vuelve sombrío, si se hace preguntas sobre el futuro, vaya a Jesús, cuéntele sus preocupaciones y tristezas. Él perdonará sus pecados y le dará la vida eterna, y por su presencia también le dará el descanso y la paz.